Buscar este blog

domingo, 18 de septiembre de 2011

Y serás canción...


Borrón y cuenta nueva: otra canción, otro ritmo, otra música con la que bailar. Porque ya está bien de tanto corregir, tachar y volver a corregir; tenemos que escribir en una nueva hoja, tenemos que escribir nuevas notas, nuevas estrofas, nuevas canciones, nuevas obras. Escribir con nuestra pluma de sueños la nueva melodía que lata al ritmo de nuestro corazón y que acaricie nuestros oídos, nuestro tímpano, nuestra mente, nuestra alma. Que nos acaricie con la suavidad del  roce de una pluma: que no es más que un roce que quiere volar. 
 Escribir sin parar, sin pensar, solo improvisando, escribirnos a nosotros mismos, para terminar esa melodía que tenemos todos y que nos acompaña y nos define. Porque no somos más que una canción. Una canción sin idioma, sin país, sin religión, solo notas en el aire; porque la música no entiende de nada de eso, solo de sentimientos y emociones, y esto es lo que se recuerda de cada uno de nosotros cuando nos relacionamos con los demás. Que hablar no es más que un concierto de varios grupos y la vida solo un festival que no acaba hasta que nos quedamos afónicos. Porque mientras nos quede voz,  aire en los pulmones y sangre  en las venas, seguiremos siendo lo que somos: una canción. 
 Y cuando veamos que dejamos de sentir con nuestra canción, cuando entre nuestras notas aparezcan varios silencios que no nos dejen hablar, cuando veamos que se acerca el final de este compás, no hay que temer, porque la clave está en empezar otro compás, escribir otra canción. Una nueva canción, esta vez en clave de sol o en clave de fa, da igual. Porque no importa las canciones que escribamos, la voz es la misma y eso es lo que importa. Todos cambiamos, o mejor dicho, nos ampliamos, porque el pasado siempre será parte de nosotros. Seguiremos escribiendo canciones hasta que se nos acabe el cuadernillo y cuando  eso pase, ya no escribiremos más, pero las canciones que escribimos seguirán ahí, recordando nuestro espíritu, nuestro sentimiento, a nosotros mismos.  Entonces, serán las notas las que hablen con su melodía universal de esa persona que se hizo canción, y como tal, eterna.  Porque no hay nada que defina mejor a las personas que sus actos, que no son sino un puñado de notas, nuestras notas.


jueves, 21 de julio de 2011

Mañana será otro día


Y como otro día cualquiera el sol sale y se esconde, mientras sin prestar atención vamos de aquí para allá con la velocidad de aquel que no pierde el tiempo en disfrutar del paisaje. Y cada día un poco más, nuestra propia existencia se convierte en un calvario de monotonía y rutina que nos engulle hasta lo más profundo de un agujero tan acogedor y cómodo, como aburrido y deprimente. Entonces, un día nos damos cuenta que estamos desperdiciando nuestro tiempo, nuestra vida, y sentimos el impulso impotente del que quiere y no puede… ¿o quizás del que puede y no se atreve?
No podemos dormir, tenemos demasiadas cosas rondando nuestra cabeza. Nos levantamos por la noche y miramos las estrellas por la ventana. Intentamos coger las estrellas con los dedos, e irremediablemente vemos como el cielo se nos escurre entre las manos. Como también se deslizan las frustraciones y la impotencia por sentirse atrapado en una vida que no quieres vivir. Volvemos a la cama con una desilusión y una tristeza que se acentúa con nuestro rostro cansado y desganado. Mañana será otro día.
Vamos por la calle y de repente pasamos delante de un parque en el que hay un anciano sentado en un banco y niños jugando. Observamos unos segundos, distraídos por el agradable contraste que produce la visión de la energía inocente de los que apenas han vivido con la confortable serenidad del que ya lo ha vivido todo. Volvemos a poner la vista al frente mientras por nuestra cabeza surca fugaz un pensamiento que no sabemos descifrar.
Al final, regresamos a casa y nos tumbamos en el sofá. Mientras vemos la tele hacemos un recorrido por nuestros pensamientos y nos vuelve la imagen de los niños y el anciano en el parque. Después de un rato intentando descifrar cuál es la sensación que nos produce esa visión, llegamos a la conclusión de que lo único que necesitamos para afrontar la vida con una sonrisa es solo una motivación, ya sea algo nuevo, distinto o divertido que queramos o vayamos a hacer, o el simple hecho de sentirnos orgullosos y satisfechos por lo que hacemos cada día. Y si no estamos contentos con algo, tenemos toda la vida para cambiarlo. ¡Seguro que cambiar nuestra vida es emocionante! Porque basta pensar que nada dura para siempre y que debemos aprovechar, o al menos gozar de cada segundo porque es único y no se volverá a repetir. Porque ya afrontemos la vida como unos niños que juegan despreocupados o como un anciano tranquilo, la verdad es que la única cosa que necesitamos para empezar a ser felices es sacar de nuestra boca roja una sonrisa, una risa que surque nuestro rostro y que denote el gozo mismo de existir. El gozo de aquel al que le basta con la oportunidad de poder vivir y tener el reto de construir una vida, y no una vida cualquiera, sino la vida más apasionante que pueda imaginar: la suya. Porque para vivir solo hace falta imaginación, objetivos que representen lo que imaginamos y coraje para decidirnos a conseguirlos. Así de fácil y de fantástico. ¡La vida es bella!


domingo, 3 de abril de 2011

¡Me encanta el mar!

Me encanta el mar. La playa. La arena. Las olas. La brisa. ¡Me encantas mar! El olor a sal, el agua salada sobre mi cuerpo, el sonido de las olas al romper en la playa, caminar junto a la orilla y girarme hacia el horizonte, y contemplar la inmensidad mientras pienso, mientras recuerdo, mientras sueño. Me hace sentir a gusto, cómodo, tranquilo, en paz.
Le tengo un profundo cariño, inmenso. ¿Se puede querer al mar? De entre todos los mares del mundo, hay uno que es mi favorito. Para mí es el mejor de todos, tiene las aguas más cristalinas, la arena es fina y no quema cuando le da el sol; y si te paras a escuchar, puedes oír el más dulce sonido que ha inventado la naturaleza.  Además, me gusta como habla conmigo, y como me acaricia. Para hablar con el mar me tumbo en la orilla, justo en el límite donde llegan las olas. Sin toalla, solo con mi cuerpo sobre la arena, me gusta así más. Y una vez sobre la arena, cierro los ojos y dejo que el resto de mis sentidos traduzcan las palabras que me traen sus olas a la orilla. Yo le respondo con mis pensamientos, mientras hundo ligeramente mi mano en el agua y cojo de un puñado la arena húmeda con ella. Es como si el mar tuviera manos y pudiera cogérselas, es fantástico. Todo ello mientras espero a que llegue otra ola. No necesitamos otro lenguaje. Entonces empieza a correr una brisa que me acaricia todo el cuerpo y me revuelve el pelo, es genial. Es en ese momento cuando es inevitable que una sonrisa se me dibuje en la cara, incluso que empiece a reír. ¡Me pasaría toda la vida así! Son momentos en los que soy feliz, momentos que de verdad merecen la pena. !Gritaría tu nombre mientras cojo fuerte, muy fuerte, otro puñado de arena! Ojalá pudiera visitar ese mar cuando quisiera, pero no es tan fácil. Porque entonces sería feliz siempre, y dejaría de sentir especiales esos momentos a su orilla. Al menos eso es lo que me dice, porque yo le aseguro que nunca dejarán de ser especiales y que nunca me cansaría de estar ahí.
Cuando pasan unos cuantos instantes, el agua que antes alcanzaba con la mano ya me envuelve casi completamente todo el cuerpo, y empiezo a sentir su profundidad, su frescura, su vitalidad…  Empiezo a respirar un poco más rápido y se me acelera el corazón. No han sido unos instantes: !han sido unas horas, toda la tarde! Que rabia, siempre se me pasa el tiempo volando a tu lado. Pronto me tendré que despedir. Intento disfrutar los últimos segundos, e intento desesperadamente exprimir al máximo cada sensación, sacarle el máximo rendimiento a cada sentido, saborear al máximo este mar de sensaciones, el tacto con la arena, la humedad del agua, esta inmensidad que me envuelve… por si a caso no vuelvo a tener la oportunidad de volver.
Mientras me levanto, le echo una última mirada al mar, me deleito con su belleza y su aparente calma y tranquilidad. Y me pregunto si algún día se encontrará furioso y tempestuoso, y si las suaves olas se pueden convertir en destructores tsunamis… y si algún día sus limpias aguas y dulce susurro se pueden convertir en suciedad y silencio. ¡Espero que no! Pensar en eso me aterra, sería fatal. Me hace tanta falta… me es tan imprescindible que me da miedo. No soportaría un mundo en el que no existiera. Decido no pensar en ello, no sirve para nada. Así que me acerco al agua, hundo las manos como si fueran un cuenco y me echo un poco de agua sobre la cabeza. Es la forma que tengo de decirle que siempre está ahí, en mi cabeza, en mis pensamientos, que siempre tendrá un lugar especial en mi mente. "¡Nos vemos pronto!" Le digo mientras avanzo por la arena.




miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Existe la magia?


Me gustaría preguntaros si vosotros creéis o pensáis o incluso si dudáis sobre la existencia de magia o cosas de ese tipo. Probablemente vuestra respuesta haya sido un rotundo no o un depende para aquella persona más soñadora. Pues bien, voy a hablaros de algo para que comprendáis, al menos en parte, a que viene esta pregunta.
En la naturaleza todo parece obedecer algún tipo de ley, o estar sujeto a unas reglas de las que no se puede salir, es como si todo fuera un mecanismo gigante, inmenso, complicado… en el que un suceso da lugar a otro y así sucesivamente, al igual que en una partida de billar una bola choca contra otra, y esta provoca el choque con la siguiente hasta que alguna acaba dentro de un agujero o no, y vuelve a empezar otra jugada. Así, podemos calcular la trayectoria de una piedra y explicar por qué es esa y no otra, sabemos por qué sube la marea, por qué llueve, por qué sopla el viento, cómo vuelan los pájaros, cómo nuestros ojos captan los colores, cómo funciona nuestro organismo... tenemos teorías para todo o casi todo, y para aquello que todavía no encontramos respuesta nos empeñamos en que debe tener una explicación lógica.
Y no es que pretenda criticar nada de esto, me parece muy bien que sepamos tantas cosas, el caso es que parece que todo se puede explicar por ecuaciones, todo es predecible o al menos obedece a unas leyes que hacen que en un momento dado todo sea de una determinada forma, seamos conscientes o no de cuál será el resultado, el caso es que así ha de suceder. Por ejemplo la lluvia, muchas veces hablamos de la probabilidad de llover, de azar, pero la realidad es que a lo que llamamos probabilidad o azar en este caso es al hecho de que no sabemos cuándo va a empezar a llover, pero que no lo sepamos no quiere decir que “llueva cuando a la nube le da la gana”, llueve cuando se dan unas ciertas condiciones de temperatura, de tamaño de las gotitas en suspensión dentro de la nube… No sabemos cuándo va a empezar a llover porque entran en juego muchas variables difíciles de predecir, pero todas se dan respondiendo a una razón, a una lógica natural. Así, cuando empieza a llover, me pregunto que si pudiésemos volver atrás el tiempo que nos diera la gana, unos minutos, una hora, un día… al llegar al mismo instante en el que empezó a llover antes de volver atrás, ¿empezaría a llover ahora también? ¿Volverían a coincidir las condiciones ideales en el mismo instante?
O con un ejemplo más intuitivo, si yo tiro una piedra desde una ventana con una fuerza y dirección determinada, y después cojo otra piedra exactamente igual y la tiro con la misma fuerza y dirección, ¿en los dos lanzamientos harán la misma trayectoria las dos piedras? ¿Caerán en el mismo sitio?
Si nos atrevemos a contestar que las dos piedras caerían en el mismo sitio o que empezaría a llover en ese instante aunque retrocediéramos infinidad de veces, quizás estaríamos afirmando una naturaleza mecánica, en la que todo sucede por efecto de otra circunstancia que a su vez es efecto de otra, y así sucesivamente hasta el principio. En la cual, solo hay un camino no varios entre los que se pueda escoger, la piedra caerá hacia abajo y en concreto en ese punto, no puede caer en uno unas veces y en otro otras veces.
Entonces si nosotros estamos hechos de lo mismo que hay en la naturaleza, si saltamos volvemos a caer hacia abajo, ¿también estamos destinados a seguir un camino? ¿Y por mucho que retrocedamos en el tiempo, volveremos a hacer y nos volverá a ocurrir lo mismo? ¿Es falsa esa sensación de libertad que tenemos? ¿Cómo podemos saber qué realmente podemos elegir y que esa sensación de libre elección no es un espejismo? Yo quiero creer que en verdad somos libres, ¿pero entonces, que es lo que nos distingue de una piedra rodando por la ladera de una montaña? Puede que sea el hecho de que pensemos, pero el cerebro está hecho de materia igualmente, y funciona gracias a miles de millones de neuronas, que no son más que materia al fin y al cabo, y como tal siguen las leyes de la naturaleza. Y es la asociación de estas neuronas formando un complejísimo circuito la responsable de que pensemos ¿Pero entonces, qué es el pensamiento? Si el pensamiento es causa de la actividad neuronal, y por hacer una comparación, las neuronas son como los componentes de los chips de los ordenadores, ¿cómo es posible que tengamos pensamiento? Me explico, las neuronas “se pueden tocar”, las piedras se pueden tocar, las estrellas si me apuras se podrían tocar, son cosas tangibles; pero el pensamiento no lo es, ¿cómo algo material como la asociación de neuronas produce algo inmaterial?
Bien, ahora me vuelvo a hacer la misma pregunta que al principio: ¿existe la magia? ¿No parece esto algo mágico? ¿No es nuestro pensamiento y el de cualquier ser que sea capaz de pensar como una protesta, como una sublevación ante el determinismo de la naturaleza? Yo pienso que sí, entonces nuestros actos son libres, podemos elegir gracias a que nuestro pensamiento lo es. Y ahí es donde está la magia, nosotros somos los únicos que podemos intervenir en ese determinismo natural y cambiarlo, podemos tener la esperanza de que podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos, que no dependemos del viento para movernos como una nube, y eso es fantástico. Reconforta saber que somos los dueños de nuestro destino. Nosotros somos la magia. Quizás eso es un mago, alguien que es consciente de su poder de cambiar el mundo.