Borrón y cuenta nueva: otra canción, otro ritmo, otra música
con la que bailar. Porque ya está bien de tanto corregir, tachar y volver a
corregir; tenemos que escribir en una nueva hoja, tenemos que escribir nuevas
notas, nuevas estrofas, nuevas canciones, nuevas obras. Escribir con nuestra
pluma de sueños la nueva melodía que lata al ritmo de nuestro corazón y que
acaricie nuestros oídos, nuestro tímpano, nuestra mente, nuestra alma. Que nos
acaricie con la suavidad del roce de una
pluma: que no es más que un roce que quiere volar.
Escribir sin parar, sin pensar, solo improvisando, escribirnos
a nosotros mismos, para terminar esa melodía que tenemos todos y que nos
acompaña y nos define. Porque no somos más que una canción. Una canción sin
idioma, sin país, sin religión, solo notas en el aire; porque la música no
entiende de nada de eso, solo de sentimientos y emociones, y esto es lo que se
recuerda de cada uno de nosotros cuando nos relacionamos con los demás. Que
hablar no es más que un concierto de varios grupos y la vida solo un festival
que no acaba hasta que nos quedamos afónicos. Porque mientras nos quede voz, aire en los pulmones y sangre en las venas, seguiremos siendo lo que somos:
una canción.
Y cuando veamos que dejamos de sentir con nuestra
canción, cuando entre nuestras notas aparezcan varios silencios que no nos
dejen hablar, cuando veamos que se acerca el final de este compás, no hay que
temer, porque la clave está en empezar otro compás, escribir otra canción. Una
nueva canción, esta vez en clave de sol o en clave de fa, da igual. Porque no
importa las canciones que escribamos, la voz es la misma y eso es lo que
importa. Todos cambiamos, o mejor dicho, nos ampliamos, porque el pasado
siempre será parte de nosotros. Seguiremos escribiendo canciones hasta que se
nos acabe el cuadernillo y cuando eso
pase, ya no escribiremos más, pero las canciones que escribimos seguirán ahí,
recordando nuestro espíritu, nuestro sentimiento, a nosotros mismos. Entonces, serán las notas las que hablen con
su melodía universal de esa persona que se hizo canción, y como tal, eterna. Porque no hay nada que defina mejor a las
personas que sus actos, que no son sino un puñado de notas, nuestras notas.

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